"Como cual mago que intenta performativizar la realidad, solo decimos lo bueno, lo que gusta, lo popular.Y nos atrevemos a desprogramar la memoria para dejar a un lado un pasado no tan bueno, oscuro, sustentable en el tiempo a corto plazo. En definitiva, un futuro que sin memoria se desvirtúa y se convierte en aquello que amistosamente llamamos "catástrofe"."
Ayer tuvo lugar un debate "acalorado" en la Asociación de Vecinos de la Amistad de Canillejas debido a la sensación térmica de algunas personas que participaron abiertamente en el encuentro, por un parte los portavoces de los diversos partidos (otra vez más se invitó al PP y no acudió ni Cristo) y, por otra, de unos oyentes reservados a la disciplina de su partido (Si tu dices A, yo me creo A, no vaya a ser que al final sea verdad). Esto es debido a que el estado de desafección política sea tan inoportuno para unas elecciones y para unos partidos que tradicionalmente han pedido el voto sin contemplaciones, sin miramientos, sin advertir de que lo que se dice o se comunica a través del programa solo hace referencia a una película, "Mentiras arriesgadas". Y de aquellos barros...
Vienen estos lodos.
Los partidos políticos como PSOE e IU tuvieron el "valor" de de no realizar una autocrítica. Quizás Juan Francisco (PSOE) fuera algo más cercano a esa expresión de desaliento que la gente siente por la política, pero al final no tuvo más remedio que volver a pedir el voto y a ser posible el voto "útil". Otra vez con la misma milonga de amor de una canción desesperada. Somos el PSOE, recuerdan ese partido que dijo sí a una educación pública y sí a una sanidad pública. Y también dijo sí a la entrada del estado español como miembro de la OTAN. Y otro sí, al primer rescate bancario a través de la compra de preferentes por parte de particulares sin que el estado diera rienda suelta a la imaginación para intentar regular aquello con lo que se llenan la boca, el estado del bienestar.
Por otro lado, IU. Poco o nada se puede decir de lo que sucede en una fuerza política que se posiciona lejos de las personas, cerca de las víctimas, los políticos. Porque al final, ellos, los políticos son víctimas, sobre todo los que no acostumbran a escuchar "no nos representan" o "no tenemos miedo". Y sorprendentemente, IU nos tiene miedo. Supongo que la razón tiene relación con una cuestión referida a las matemáticas más elementales: cuanto más seamos, menos hay para repartir. Las alianzas de IU están en esa dimensión donde se ejerce el poder del estado y se olvidan de que en las calles se ejerce (o se intenta) el poder político que al final es el que legitima todo lo demás.
Me resisto a creer que esta vez, como tantas otras, el análisis marxista-leninista del poder (que no el análisis marxista de la realidad, con el que estoy completamente de acuerdo) que entrega a una vanguardia las posibilidades de transformación política tenga algún que otro beneficio para las multitudes.Y, por quincuagésima vez, una vanguardia bien acostumbrada a caminar sola.
¿IU por qué no escuchaste el "you'll never walk alone"?
Que no somos nosotros los que os tenemos que acompañar, que son ustedes los que nos tienen que acompañar a nosotros, a las multitudes. Me imagino que es una cuestión pragmática. IU no quiere gobernar, quiere garantizar que su análisis del poder no está obsoleto, no vaya ser que al final la multitud tenga razón. Os entiendo, es muy difícil esto de las crisis de identidad en la adolescencia y preguntarse ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?. Creerme, soy joven y sé de donde venís.
Fijaros que al final, todos estos partidos hablan del pasado, de la edad de oro. El PSOE transita por ser el primer gobierno democrático, el creador y defensor del estado del bienestar. IU habla de la historia de resistencia durante el Franquismo, de ser una plataforma que dijo y supo decir no a la OTAN. Supongo que el PP hará lo propio con el gobierno de Aznar y la bonanza económica del estado durante sus legislaturas. Al final uno no sabe si esto de expandirse en el pasado es para recrearse y regocijarse en que una vez fuimos algo y hoy no somos nada. Me temo que al final somos juez y parte de este chiringuito.
Cometimos un error, no el de "vivir por encima de nuestras posibilidades", el error fue creernos algo. Creer que una sociedad despolitizada fortuitamente iba a alcanzar el estado del bienestar por y para siempre. Creer que esto de la democracia es un sistema que un día se coloca en una constitución y mágicamente se consolida. Creer que la palabra "democratizar" tal y como se expresa en las calles es un concepto burdo y vacío que atenta violentamente contra la Constitución.
El punto de ruptura: Podemos. Críticas, muchas y más y todas las que quieras. Sin embargo, cuando la emergencia es tal, es necesario decir NO.
Pero con cuidado, nunca pediré el voto para Podemos. Pediré el voto para aquellas fuerzas políticas que vuelvan a ilusionar, que pongan el foco en proyectos participativos, democratizadores, que impliquen el compromiso de las personas, porque es desde y para las personas saber como queremos gobernarnos para que haya una celebración, un casamiento del poder político con el poder estatal, una historia de amor pragmática que algunos tachan de populista.
Nos equivocamos cuando hablamos de la Unión Europea como el centro del universo, cuando encumbramos los estados del bienestar del norte o las ruinas de esos mismos en el sur de Europa y no advertimos, no criticamos y no recordamos que esos estados han sido posibles gracias al expolio realizado en el sur global. Nos equivocamos cuando los europeos queremos abrir un proceso constituyente para la búsqueda del bienestar y la justicia en la Unión Europea y nos olvidamos de las luchas transnacionales para democratizar los continentes. Nos equivocamos cuando hablamos de las clases trabajadoras y nos olvidamos de que los trabajadores son cada vez más prescindibles porque el dinero crea dinero. Si no somos clase trabajadora, si no somos, que somos, porque lo que no somos, o al menos me cuesta creerlo, es idiotas. A ver si al final va a ser verdad que podemos vivir sin necesidad de trabajar.
Esta vez, pretendo que otro no se equivoque por mí. Y cuando me equivoque reconocer mi propio error, como colectivo, como individuo.
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