"Vivimos
en colectividad y la colectividad sólo necesita el trabajo diario, la ocupación
constante de cada uno de sus miembros en un fin que escapa a los afanes
individuales y que, sin embargo, es lo único que garantiza nuestro existir en
tanto que individuos."[1]
Son tiempos difíciles para lo colectivo cuando se
instituye como tal. Cuando lo heterogéneo prima sobre lo homogéneo aparece una
ráfaga de caos, de desorden, de aquello que con extrema suspicacia salpica en
la cara de cada una y cada uno de nosotras en estado de confusión.
Son tiempos de duda. De
reencuentros. De marcas que desglosan y construyen nuestra identidad. Somos
varias en una sola. Distintas narraciones que chocan robustamente con aquello
que conocemos como nosotras cuando nos miramos al espejo.
Son tiempos de crisis. De luciérnagas
que se apagan y buscan la oscuridad para volver a brillar. Algún iluminado nos
deja sin luz, sin brillo. Nos releva al campo de la miseria cuando lo que
abunda es la riqueza. Pero no esa riqueza basada en el intercambio de metales
por objetos. Me refiero a esa riqueza cuando confluimos en tachar de injusto
aquello que es injustica. Cuando arrimamos el hombro, ponemos nuestros sentidos a funcionar y en
seguida detectamos con valentía lo que es beneficioso para nuestro bienestar.
Y es que es el colectivo, al fin y
al cabo, aquello que nos devuelve al camino de la justicia. Porque sentidos
comunes hay tantos como personas en la faz de la tierra y es necesario
intercambiar que es lo bueno, lo justo y lo bello. Porque si no nos pasará como
a las ratas del cuento de Bolaño. No existe un único sentido común.
Porque de ser uno solo nos convertimos en un monstruo que necesita afecto y
comprensión. Porque al final el monstruo, es un tirano, que da pena y miedo.
“Imagínese un
jardín con cien clases de árboles, con mil variedades de flores, con cien
especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el
jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo
<<comestible>> y la <<mala hierba>>, entonces no sabrá
qué hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más
encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos
ojos.” [2]
[1] El Policía de las Ratas por Roberto Bolaño.
http://www.lamaquinadeltiempo.com/prosas/bolano01.htm
[2] El Lobo Estepario de Hermann Hesse.
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