viernes, 19 de diciembre de 2014

BOSS, ¿emoción o victoria?





Recién acabo de terminar de ver la serie "Boss" y con diverso énfasis he dedicado mi tiempo a apostar por cada capítulo de esta serie de forma ininterrumpida durante dos semanas.

Podemos estar hablando de una trama en origen similar a cualquier serie o película que tenga como objetivo mostrarnos ese ambiente hostil y mezquino de "la" política local estadounidense con personajes con diversos frentes abiertos. En esos campos de batalla de cada uno de los personajes, el espectador recela del poder omnipresente del alcalde de la ciudad de Chicago, Tom Kane, cuyo control sobre la realidad política es completo.

Sin dejar cabos sueltos, o mejor dicho, sin dejar que los cabos sueltos puedan ser motivo de una disputa política que arruine el "status quo" en la ciudad de Chicago, vemos como el alcalde Kane acaba con cualquier resistencia a través de una serie de alianzas que vuelven a inaugurar una y otra vez nuevos escenarios y espacios políticos incorporando a nuevos aliados y eliminando a los viejos.

La racionalidad con la que ejerce el poder el alcalde a través de la premisa de resolver el problema en cuestión para preservar su cargo en un contexto político donde  la disputa ideológica está de cualquier forma en un segundo plano. La ideología que mantiene en su puesto al alcalde, episodio tras episodio, responde a criterios estrictamente racionales, "para conseguir A, tengo que hacer B" en ese plano maquiavélico donde "el fin justifica los medios" para preservar el poder del gobernante.

Quizás es ese plano el que más sorprende a los espectadores, el plano que mueve a todos los personajes de la serie a caminar tras sus intereses personales dejando de un lado, la otra cara de la moneda, relacionales meramente emocionales que no estén supeditadas a la consecución de intereses personales y a la propia racionalidad como mecanismo de supervivencia en un mundo vil y cruel donde una acción emocional puede constituir un resultado inexacto, azaroso y abierto. Tanto es así que el único personaje que se mueve bajo estas lides, en lo emocional, es el que mueve las acciones de Darius, un joven que se dedica al narcotráfico para subsistir en un mundo que no se pregunta por las causas sino que tan solo se recrea y se regocija en los resultados. Un tipo, este Darius, que aparece en la serie como el meta-espectador de lo que se juega la ciudad en cada una de las acciones de los personajes y que no busca su propia satisfacción personal a nivel racional, sino que lo hace a nivel emocional, donde todavía más si cabe el mundo se convierte en un lugar devastador.

Otros papeles a tener en cuenta, son los de las dos asesoras del alcalde. Por un lado Kitty, un personaje que deslumbra por su inteligencia en la resolución de problemas pero que tiene grandes carencias afectivas. Un papel importante dentro de la serie que nos devuelve una imagen deteriorada de la política donde lo afectivo y emocional pasa a un segundo plano. Por otra parte, Mona Fredricks, una mujer que aparece en la serie como la única que entiende que la política no es un medio para conseguir un fin en sí mismo, sino que entiende la política como un medio transformador de la realidad.

Ambas personajes, mujeres, con dos visiones enfrentadas acerca de lo que es la política, se posicionan cerca del alcalde. La primera Kitty, para resolver situaciones que salvaguarden a toda costa el poder del alcalde; la segunda Mona, para utilizar ese poder como una posibilidad de transformación en la vida de los habitantes de la ciudad de Chicago. La pregunta que formula la serie es clara en este sentido, ¿poder para sí? o ¿poder para transformar?.

Y ese es el gran planteamiento de la serie, aunque en un mundo mezquino, gana siempre una visión de la política proveniente de la racionalidad "si yo gano, tu pierdes". Un mundo en el que Mona y Darius están excluidos, dado que sus promesas personales consigo mismos se enfrentan a diferentes problemáticas a las que se plantean en la serie respecto al mantenimiento y conservación del "status quo".



jueves, 29 de mayo de 2014

La importancia de la apropiación de conceptos

En estos tiempos de crisis, los recortes no solo se aplican en el campo económico a través de la acción estatal en colaboración con las grandes corporaciones, sino que se aplican también en el terreno científico y por ende, en los conceptos que construyen y producen las realidades.

De este modo, podemos ver como, el sistema dominante articula, con toda su violencia, expresiones para encajar propuestas políticas que afectan o pueden afectar el curso de la política, la economía, la cultura y la sociedad en el corto-medio plazo. En este mundo creado por categorías, todo aquello que no se construye desde el sujeto de enunciación legitimado, el poder, queda invisibilizado primero y expuesto posteriormente a ser reformulado como un horizonte de análisis vacuo que considera lo reconocido como subordinado.

En esta matriz de análisis, aquello que no se autodefine como algo que pueda ser reconocido e incorporado al poder, queda exento de credibilidad. De este modo, vemos el componente estratégico de los dominantes cuando adecuan su discurso a una realidad que les pasa por encima. Categorizaciones como "comunista", "nacionalización" y "pueblo" adquieren connotaciones populistas que se adscriben a una forma de ver el mundo fuera de la realidad, y por tanto, son sujetos incapaces de construir conceptos por sí solos.

En este orden de cosas, etiquetar como síntoma sistemático de la clase dominante se ha convertido en una práctica que dota de significado y sentido los conceptos que legitiman ese sentido común que parece único e irrebatible. Aquello que no es, entonces será lo contrario por oposición. Así, el recorte de realidad que adolece de una proyección histórica más rica en contenido y formas, construye el esqueleto de un poema regulador de la realidad.

Después de los años 90 y si me apuran el primer decenio del nuevo milenio, al esqueleto del poema se le añaden nuevos versos que tienen en común una idea de emancipación irreal y ficticia dado que reproduce lo mismo, una meta homogeneizadora y reguladora de la realidad que acude al rescate de una única idea acerca del progreso.

Sin embargo, ese poema capitalista con versos que hacen hincapié en el desarrollo sostenible, el estado del bienestar y la democracia como mejor forma de organización social y política, se convierten en una utopía que está anquilosada en el horizonte del desarrollo, "los sueños, sueños son". Y como profecía autocumplida, el capitalismo desfallece mientras que los dominantes se re-colocan estratégicamente en el orden discursivo para seguir produciendo realidad.

¿Qué sucede cuando el discurso dominante no tiene tras de sí condiciones objetivas que reproduzcan la realidad?

Esta cuestión plantea múltiples respuestas que establecen un marco de análisis crítico. La reapropiación de conceptos es indispensable para corroborar que aquello que se produce y construye en la realidad está sujeto a las condiciones objetivas que atraviesan el discurso. Por ello, es cuestión indispensable plantear las condiciones sobre las que se va a desarrollar el diálogo. Algo que olvidó Habermas cuando planteaba su ética dialógica que no hacía distinción entre el sujeto y el objeto del discurso suponiendo una misma igualdad en las condiciones que provocaban ese diálogo.

Es indispensable pues, plantear las condiciones del discurso para alterar las posiciones de los dominantes respecto a los dominados. Los dominantes han construído los dominados a su semejanza -atentando contra la diferencia, la inclusión y la heterogeneidad- y los dominados han construido a sus dominantes bajo el prisma de la violencia y utilizando los mismos discursos que provocan su dominación. Proponer el debate y el diálogo no solo en igualdad de posiciones sino que también en el orden de las condiciones que producen ese discurso elimina de un plumazo esa incapacidad de los dominados a portar y aportar en la construcción de realidades que reformulen el poema y lo elaboren desde cero recitando un poema emancipatorio que sirva como constructo de la realidad.


lunes, 12 de mayo de 2014

Acerca de la Inclusión

"Vivimos en colectividad y la colectividad sólo necesita el trabajo diario, la ocupación constante de cada uno de sus miembros en un fin que escapa a los afanes individuales y que, sin embargo, es lo único que garantiza nuestro existir en tanto que individuos."[1]

Son tiempos difíciles para lo colectivo cuando se instituye como tal. Cuando lo heterogéneo prima sobre lo homogéneo aparece una ráfaga de caos, de desorden, de aquello que con extrema suspicacia salpica en la cara de cada una y cada uno de nosotras en estado de confusión.

Son tiempos de duda. De reencuentros. De marcas que desglosan y construyen nuestra identidad. Somos varias en una sola. Distintas narraciones que chocan robustamente con aquello que conocemos como nosotras cuando nos miramos al espejo.

Son tiempos de crisis. De luciérnagas que se apagan y buscan la oscuridad para volver a brillar. Algún iluminado nos deja sin luz, sin brillo. Nos releva al campo de la miseria cuando lo que abunda es la riqueza. Pero no esa riqueza basada en el intercambio de metales por objetos. Me refiero a esa riqueza cuando confluimos en tachar de injusto aquello que es injustica. Cuando arrimamos el hombro,  ponemos nuestros sentidos a funcionar y en seguida detectamos con valentía lo que es beneficioso para nuestro bienestar.

Y es que es el colectivo, al fin y al cabo, aquello que nos devuelve al camino de la justicia. Porque sentidos comunes hay tantos como personas en la faz de la tierra y es necesario intercambiar que es lo bueno, lo justo y lo bello. Porque si no nos pasará como a las ratas del cuento de Bolaño. No existe un único sentido común. Porque de ser uno solo nos convertimos en un monstruo que necesita afecto y comprensión. Porque al final el monstruo, es un tirano, que da pena y miedo.  

 “Imagínese un jardín con cien clases de árboles, con mil variedades de flores, con cien especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo <<comestible>> y la <<mala hierba>>, entonces no sabrá qué hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos.” [2]






[1] El Policía de las Ratas por Roberto Bolaño.  http://www.lamaquinadeltiempo.com/prosas/bolano01.htm
[2] El Lobo Estepario de Hermann Hesse. 

jueves, 8 de mayo de 2014

Crónica de un debate anunciado

"Como cual mago que intenta performativizar la realidad, solo decimos lo bueno, lo que gusta, lo popular.Y nos atrevemos a desprogramar la memoria para dejar a un lado un pasado no tan bueno, oscuro, sustentable en el tiempo a corto plazo. En definitiva, un futuro que sin memoria se desvirtúa y se convierte en aquello que amistosamente llamamos "catástrofe"."

Ayer tuvo lugar un debate "acalorado" en la Asociación de Vecinos de la Amistad de Canillejas debido a la sensación térmica de algunas personas que participaron abiertamente en el encuentro, por un parte los portavoces de los diversos partidos (otra vez más se invitó al PP y no acudió ni Cristo) y, por otra, de unos oyentes reservados a la disciplina de su partido (Si tu dices A, yo me creo A, no vaya a ser que al final sea verdad). Esto es debido a que el estado de desafección política sea tan inoportuno para unas elecciones y para unos partidos que tradicionalmente han pedido el voto sin contemplaciones, sin miramientos, sin advertir de que lo que se dice o se comunica a través del programa solo hace referencia a una película, "Mentiras arriesgadas". Y de aquellos barros...

Vienen estos lodos. 

Los partidos políticos como PSOE e IU tuvieron el "valor" de de no realizar una autocrítica. Quizás Juan Francisco (PSOE) fuera algo más cercano a esa expresión de desaliento que la gente siente por la política, pero al final no tuvo más remedio que volver a pedir el voto y a ser posible el voto "útil". Otra vez con la misma milonga de amor de una canción desesperada. Somos el PSOE, recuerdan ese partido que dijo sí a una educación pública y sí a una sanidad pública. Y también dijo sí a la entrada del estado español como miembro de la OTAN. Y otro sí, al primer rescate bancario a través de la compra de preferentes por parte de particulares sin que el estado diera rienda suelta a la imaginación para intentar regular aquello con lo que se llenan la boca, el estado del bienestar. 

Por otro lado, IU. Poco o nada se puede decir de lo que sucede en una fuerza política que se posiciona lejos de las personas, cerca de las víctimas, los políticos. Porque al final, ellos, los políticos son víctimas, sobre todo los que no acostumbran a escuchar "no nos representan" o "no tenemos miedo". Y sorprendentemente, IU nos tiene miedo. Supongo que la razón tiene relación con una cuestión referida a las matemáticas más elementales: cuanto más seamos, menos hay para repartir. Las alianzas de IU están en esa dimensión donde se ejerce el poder del estado y se olvidan de que en las calles se ejerce (o se intenta) el poder político que al final es el que legitima todo lo demás. 

Me resisto a creer que esta vez, como tantas otras, el análisis marxista-leninista del poder (que no el análisis marxista de la realidad, con el que estoy completamente de acuerdo)  que entrega a una vanguardia las posibilidades de transformación política tenga algún que otro beneficio para las multitudes.Y, por quincuagésima vez, una vanguardia bien acostumbrada a caminar sola. 

¿IU por qué no escuchaste el "you'll never walk alone"

Que no somos nosotros los que os tenemos que acompañar, que son ustedes los que nos tienen que acompañar a nosotros, a las multitudes. Me imagino que es una cuestión pragmática. IU no quiere gobernar, quiere garantizar que su análisis del poder no está obsoleto, no vaya ser que al final la multitud tenga razón. Os entiendo, es muy difícil esto de las crisis de identidad en la adolescencia y preguntarse ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?. Creerme, soy joven y sé de donde venís.

Fijaros que al final, todos estos partidos hablan del pasado, de la edad de oro. El PSOE transita por ser el primer gobierno democrático, el creador y defensor del estado del bienestar. IU habla de la historia de resistencia durante el Franquismo, de ser una plataforma que dijo y supo decir no a la OTAN. Supongo que el PP hará lo propio con el gobierno de Aznar y la bonanza económica del estado durante sus legislaturas. Al final uno no sabe si esto de expandirse en el pasado es para recrearse y regocijarse en que una vez fuimos algo y hoy no somos nada. Me temo que al final somos juez y parte de este chiringuito.

Cometimos un error, no el de "vivir por encima de nuestras posibilidades", el error fue creernos algo. Creer que una sociedad despolitizada fortuitamente iba a alcanzar el estado del bienestar por y para siempre. Creer que esto de la democracia es un sistema que un día se coloca en una constitución y mágicamente se consolida. Creer que la palabra "democratizar" tal y como se expresa en las calles es un concepto burdo y vacío que atenta violentamente contra la Constitución. 

El punto de ruptura: Podemos. Críticas, muchas y más y todas las que quieras. Sin embargo, cuando la emergencia es tal, es necesario decir NO. 

Pero con cuidado, nunca pediré el voto para Podemos. Pediré el voto para aquellas fuerzas políticas que vuelvan a ilusionar, que pongan el foco en proyectos participativos, democratizadores, que impliquen el compromiso de las personas, porque es desde y para las personas saber como queremos gobernarnos para que haya una celebración, un casamiento del poder político con el poder estatal, una historia de amor pragmática que algunos tachan de populista. 

Nos equivocamos cuando hablamos de la Unión Europea como el centro del universo, cuando encumbramos los estados del bienestar del norte o las ruinas de esos mismos en el sur de Europa y no advertimos, no criticamos y no recordamos que esos estados han sido posibles gracias al expolio realizado en el sur global. Nos equivocamos cuando los europeos queremos abrir un proceso constituyente para la búsqueda del bienestar y la justicia en la Unión Europea y nos olvidamos de las luchas transnacionales para democratizar los continentes. Nos equivocamos cuando hablamos de las clases trabajadoras y nos olvidamos de que los trabajadores son cada vez más prescindibles porque el dinero crea dinero. Si no somos clase trabajadora, si no somos, que somos, porque lo que no somos, o al menos me cuesta creerlo, es idiotas. A ver si al final va a ser verdad que podemos vivir sin necesidad de trabajar. 

Esta vez, pretendo que otro no se equivoque por mí. Y cuando me equivoque reconocer mi propio error, como colectivo, como individuo.